Se instauró esta procesión para dotar de mayor realce y solemnidad el acto de la entrega del Cristo de la Piedad, propiedad de la Hermandad del Refugio, a la Cofradía.
Tras el emotivo acto de la cesión del Cristo por el Hermano Mayor del Refugio, al Hermano Mayor de la Cofradía de la Piedad, se produce la colocación de la Imagen en las andas que servirán para su traslado procesional desde la Sede del Refugio hasta la Iglesia de Santa Isabel.
En la noche del Jueves al Viernes Santo, a las cero horas, con puntualidad jamás desmentida, se abren las puertas de la Iglesia de Santa Isabel para iniciarse la procesión principal de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro. Es el momento cumbre de nuestra Cofradía y uno de los más esperados de la Semana Santa, como lo atestiguan la cantidad de fieles y público que abarrotan la popular plaza de San Cayetano.
Tras la imponente aparición del Cristo de la Piedad, recibido con los acordes del Himno Nacional, la noche se ilumina. Zaragoza recibe a la Señora; sus ojos reflejan la Caridad, la Soledad, la Piedad. Y otra Semana Santa, como desde casi sesenta, un murmullo recorre nuestras largas filas y se alza sobre cientos de capirotes: es el sentimiento de los hombres de la Piedad, nuestro orgullo, nuestra oración y lema, la satisfacción del deber cumplido, herencia de nuestros padres y abuelos, pues un año más: "La Piedad está en la calle".
Después, con el corazón encogido por la solemnidad del momento, nuestra Señora se dirige, con paso lento y pausado, por las calles de Zaragoza y entre el fervor de cientos, de miles de zaragozanos, hacia el Barrio del Boterón que la acoge entre saetas, para depositarla majestuosamente en nuestra querida Iglesia de San Nicolás de Bari.
Da comienzo tras la procesión de la Titular en la madrugada del Viernes Santo. Recorre las estrechas calles del Barrio de Boterón y de la Magdalena. En algunos tramos de este Vía Crucis se producen
imágenes de gran plasticidad y belleza, como cuando el Cristo atraviesa el Arco del Deán, en la parte posterior de la Seo, en la zona antigua de Zaragoza.
Es un Vía Crucis entrañable para nosotros y seguido por un gran número de hermanos pese a las altas horas de la madrugada en que se celebra. El Vía Crucis finaliza, nuevamente, en la Iglesia de San Nicolás.
En la tarde del Viernes Santo y una vez celebrado el Ejercicio de la Piedad, se efectúa el traslado procesional de los pasos desde la Iglesia de San Nicolás de Bari hasta la calle Santa Isabel. Desde allí la cofradía se incorpora a la Procesión General del Santo Entierro.
Sale en la tarde del Viernes Santo de la Iglesia de Santa Isabel y es una de las procesiones españolas que cuenta con mayor cantidad de penitentes y con mayor tradición.
La organiza la M.I.A. y R. Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, de la que las cofradías zaragozanas son filiales. En esta procesión participan la totalidad de las cofradías y hermandades de Zaragoza, y constituye el origen y el pasado de la actual Semana Santa.
El origen de la Procesión del Santo Entierro no está claro, existiendo documentos que habla de ella ya en la Edad Media. Se conocen datos fiables a partir del año 1.645 y desde 1.666 se guardan los datos más concretos y aparentes de la procesión, que organizada por la Hermandad de la Sangre de Cristo, salió el Viernes Santo a las ocho de la tarde.
En febrero de 1.777 Carlos III prohibe la participación de penitentes de sangre en las procesiones de Semana Santa, prohibición que llevó a que el número de cofrades con hachas o velas fuese cada vez mayor.
Desde esta fecha y hasta la Guerra de la Independencia la Hermandad de la Sangre de Cristo encarga casi todos los pasos que constituían la Procesión General del Santo Entierro, saliendo por última vez en la Semana Santa de 1.808. En 1809 la Procesión no salió y los bombardeos franceses destruyeron la mayoría de los pasos, salvándose únicamente la Imagen del Cristo de la Cama, gracias a la heroica actuación de una mujer, María Blázquez, que huyó con la imagen para que no fuese dañada, siendo conocida en Zaragoza desde entonces "María la del Cristo".
En 1.813, surgiendo de sus propias cenizas, la Hermandad comenzó a restaurar los cultos de la Semana Santa, empeñándose a partir de 1.818 en la construcción de los nuevos pasos, pasos que en su mayoría se procesionan en la actualidad. Gracias a las limosnas, aportaciones particulares, corridas de toros, etc, entre 1.818 y 1.850 se construyeron la mayoría de los pasos.
Durante el Siglo XIX la Procesión del Santo Entierro fue ganando en brillantez y solemnidad y siguió desarrollándose con ligeras modificaciones durante el primer cuarto del siglo XX. Pero iban a ser los año treinta los que marcasen el inicio de una nueva etapa, fruto de la cual son las Cofradías tal y como las conocemos en la actualidad. La suspensión de la Procesión durante los años de la República y los incidentes acaecidos en 1.935 (un grupo de personas entró en el almacén en el que se guardaban los pasos y quemó el de la Entrada de Jesús en Jerusalén, se hizo explosionar una bomba en el transcurso de la Procesión en ese mismo año, los portadores de los pasos o "terceroles" se declararon en huelga y debieron de ser voluntarios los que portasen los pasos...) darían un vuelco a la Semana Santa zaragozana, siendo la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad pionera en éste hecho.

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