El Noticiero. Sábado Santo, 16 de Abril de 1938. Página 6
Por vez primera la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad hizo Estación en la madrugada del Viernes Santo en la iglesia de las Religiosas Comendadoras del Santo Sepulcro.
La imagen de la Virgen con su Hijo muerto es los brazos fue llevada por las calles de Zaragoza, rodeada de devoción y entusiasmo.
Son las doce en punto de la noche. Las puertas de la Iglesia de Santa Isabel se abren y comienza el desfile lento y devoto, de los cofrades de la Piedad, vestidos con hábito blanco y "capirotes" azules. Va en cabeza una Cruz grande en manos de un cofrade. Después los hermanos y la imagen entre el humo que serpentea de dos incensarios, el resplandor de los fanales que la rodean y una escuadra de legionarios que dan escolta, Por último, la Presidencia, integrada por D. Leandro Aina con los hermanos de la Junta Directiva, y a los lados una segunda Presidencia, en la que figuran el Teniente Coronel De Pedro, ayudante del General de la 5ª División; el alcalde, señor Parellada; el Teniente Alcalde, señor Jordá y otras personas. Cierra la marcha la banda de trompetas y de tambores de la Legión.
En la comitiva han figurado varios alféreces provisionales y legionarios, heridos de guerra que hicieron promesa de acompañar a la Virgen de la Piedad en su Procesión.
La Procesión está ya en las calles que rebosan de público. El fervor y entusiasmo salen al exterior en forma de saetas y jotas. De trecho en trecho surge la voz de algún espontáneo que dirige su oración cantada a la Madre de la Piedad; en ciertas ocasiones el cantador es un legionario o un soldado, recién llegados del Frente, que traen acentos de combate y sacrificio.
En diversos lugares del trayecto cantas saetas los afamados Pepe Gargallo "Trajinero", Leonor del Caso "Niña de Santa Cruz" y Pepe "el Pinto".
También ha interpretado con el cornetín unas saetas el sargento de cornetas de 9º Ligero de Artillería José Sáinz.
En la plaza España José Oto y Felisa Galé lanzan al aire unas Jotas que aumentan la emoción del público. Una de ellas dice:
No me apena ver tus ojos,
que con lágrimas se empañan,
porque lloras, Madre mía,
al ver que se salva España.
El desfile sigue por la calle D. Jaime y Plaza de La Seo. Al entrar en el clásico barrio del "Boterón" el entusiasmo aumenta. Los habitantes del popular Barrio han engalanado las calles y colgado los balcones y ventanas quien con banderas nacionales, quien con Mantones de Manila que forman una policromía pintoresca sobre la calle estrecha iluminada tan sólo por la luz parpadeante de los hachones y la clara iluminación del Paso de la Piedad. Las saetas y jotas se suceden sin interrupción. Desde una ventana sale una jota de labios de una mujer enlutada:
Pa los que sufren Pasión
y los que están peleando
te pide tu protección
una mujer de este Barrio.
Apenas ha podido terminar, porque las lágrimas aparecen en su rostro ¡Quizá tiene al hijo en la guerra o prisionero! Ha sido un recuerdo fervoroso y emocionante.
La comitiva llega a la plaza de San Nicolás. El entusiasmo se desborda al entrar la imagen en la iglesia entre redobles de tambores y toques de cornetas. Allá en lo alto se traslucen a través de las tupidas celosías las albas tocas de las monjitas que, curiosas, han querido contemplar el espectáculo radiante de la Virgen de la Piedad rodeada de sus cofrades encapuchados y de la emoción entusiasta del pueblo.
La imagen queda en el templo toda la noche en espera de la tarde del Viernes, en que acompañada de los cofrades marchará para formar en la Procesión del Santo Entierro.
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